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Travesía en penumbras

  • Foto del escritor: Gustarock Galasy
    Gustarock Galasy
  • 8 feb 2021
  • 7 min de lectura

La luz era suave e iba brotando lentamente de entre la oscuridad. Bendito alivio habría supuesto de no haberse traído consigo tanto... ¡Dolor! Un centenar de anclas parecían depositadas sobre el marinero convaleciente, la confusión se hizo con el control de cada uno de sus sentidos. A duras penas lograba restituir su propia identidad. Venían en un torbellino desenfrenado imágenes borrosas que lo remontaban a los fulgores de la batalla.


-¿Cómo he llegado aquí? -decía afanándose por recobrar la consciencia.


Con un ritmo vertiginoso empezó a tomar las riendas de sus nervios magullados mientras se perdía formulando cuestiones indómitas, totalmente fuera de lugar «¿Quién buscaría algo en un sitio así?», pensaba aplastado en su incomodidad.


-Está usted a bordo del Concord -susurró una voz a pocos centímetros de él-. No pertenezco a esta guerra pero alguien consideró adecuado tenerme cerca si lograban atrapar al sedicioso Gunter.


-¿He fallado el salto? -decía para sus adentros con excesiva dificultad.


-¿Esto es lo único que recuerda? -pronunciaba irónicamente la voz.


-Siento que la hayan metido en este agujero -articulaba multiplicando el esfuerzo al darse cuenta con quién hablaba.


-He estado en sitios peores descuida -dijo la mujer burlona intentando disimular un tono sensual e involuntario.


-Fijo no fui yo quién le condujo a ninguno de ellos Rebeca...


-¡Oh infame intuición! -interrumpió ella-. Veo que ha vuelto en sí por completo. Mire por un momento a su alrededor... ¡En su condición no puede permitirse ningún derecho a tener la razón!


-Penumbras y su voz de mercader... poco más pueden permitirse mis sentidos -exclamó Gunter omitiendo su dolor.


-¿Oye algo que delate su situación? -insistió la mujer.


-¿Se ha convertido en mi carcelera? -preguntó rendido.


-Eso me haría ilusión pero a alguien se le ocurrió que en la piel de un prisionero en este cuchitril podría ser más útil. Es una de esas largas historias que nunca le gustaron Guty pero en esta ocasión se lo merece y lo contaré con lujo de detalles; Tras su marcha, decidí presentar mis respetos a la Corona, he rogado que disolviesen mis cargos ofreciendo absoluta lealtad a la causa pero, al parecer nadie en su sano juicio era capaz de desvincularme de las mayores amenazas que llegaron acechar a este reino, empecé a odiar esa vieja amenaza con todas mis fuerzas, empecé a odiaros con todo mi ser Guty. Cometí muchas barbaries con tal de ser tomada en serio y formar mi propia reputación, entre ello confieso mi empeño por derribar a muchos de sus hombres. Al final terminé haciéndome con la confianza del servicio real de inteligencia, ya sabe cómo funciona esto, una cosa lleva a la otra y mucho tiempo ha pasado ya desde ese episodio. Recibí más encargos de los que uno puede realizar pero siempre de carácter encubierto por temor a la fama que arrastro desde nuestra época juntos. Afortunadamente mucho ha cambiado desde aquella época. A fuerza de involucrarme en salvajadas que hasta los peores sicarios terminaban por rechazar, ahora me encuentro a un paso de doblegar el parecer de todos mis superiores...


-Mucho ha tenido que cambiar para que alguien se atreviera enviarla a sacarme información -la interrumpió Gunter aburriéndose con tanto monólogo.


-¿Por qué presume que he terminado aquí por su culpa? -murmuró dejando evidente su incomodidad.


-Todos saben lo débil que se vuelve un hombre después de un combate de estas proporciones -dijo ansioso por examinar su reacción.


-¿Cómo puede usted siquiera pensar que tendría éxito en un duelo en igualdad de condiciones? -dijo ella intensificando el tono.


-Creo que ese experimento ya se hizo en su momento -tarareaba él a ritmo una banda sonora de las películas de Tim Burton comprobando con ello lo inestable que era y lo obcecada que estaba con ese individuo.


-¿Y si resulto ser esa arpía que usted dijo una vez pero ahora sin nada que demostrar? Guiada por mi propio designio... ¡Impaciente por acabar contigo! -inquirió llena de rabia.


-Si fuera tan sencillo como dice... ya se le habrían adelantado los suyos ahí arriba -intervino riéndose y gimiendo a la vez.


-Naturalmente "sir" Galilei... ¿pero antes de quedarse usted inconsciente encima del príncipe o después de que el rey atestara su muerte?... -rezongaba la mujer.


-Eso es que he fallado el salto -lo comprendió Gunter por fin.


-Eso es que me arrimé al príncipe equivocado -replicaba ella para sí misma.


-¿Tenía usted algún nexo con el hijo del rey? -dijo recordando lo atractiva que era en otro tiempo.


-¿Por qué no lo llama relación? …No quisiera engañarme pero había prometido hacer público su cortejo ante la nobleza para poder celebrar nuestro enlace de manera formal.


-¿Le han dicho ya que su príncipe era un gafe? Tal vez ha podido darse cuenta después de este incidente "tan nefasto".


-Si por gafe se refiere a tenerme en secreto en sus aposentos... para que luego alguien buscara a quien culpar de conspiración en contra del príncipe... -Rebeca ya no controlaba sus palabras-. ¡Cállese la bocaza!


-De forma que está usted en "este cuchitril" por el príncipe y no por mi...


-La verdad... La familia real no tenía porqué saber mi implicación en este conflicto, ni al menos enterarse de mi presencia a bordo... el fallo estuvo en ocultar los amoríos del príncipe a la inteligencia. Para la institución sigo estando en el sitio que ellos desean, ya no habrá forma de contornar una antigua y evasiva cuestión. Tengo a unos escasos centímetros la gran oportunidad que he esperado todos estos años, ya nadie podrá dudar de mi valía aunque eso signifique perder mi sitio en el trono, ya poco me importa ese trono, y si me llegara a doler demasiado la perdida... seguro lloraré más a gusto por el difunto cuando haya aniquilado al ¡Abusivo! ¡Insufrible! y ¡Apestoso de Gunter! -anunció como un decreto a punto de concretizarse.


-¿Y no se le escapa ningún detalle? -dijo el marinero inconformista-. Antes dijiste que no pertenecía a esta guerra.


-Entienda usted que nadie escribirá en el capítulo del príncipe una posible participación de Rebeca si Gunter muere misteriosamente en este calabozo.


Al oír estas palabras el marinero sintió en sus ojos una humedad inusitada como si fueran a formarse lágrimas. No supo de dónde vino aquella sensación, estaba acostumbrado al rechazo y mucho más a las amenazas de muerte... luego pensó que tal vez aquella mujer alardease de una seguridad mucho más sólida que cuando sus caminos se separaron, entonces le quedó claro que era mejor dejar de pensar.


-¿Por qué hay tan poca luz? -fustigaba desorientado.


-¡Para que la luz se vuelva tan intensa en el otro mundo que te quedes ciego por toda la eternidad! -lanzaba ella dando inicio al magnicidio verbal.


-Espero que no me envidie usted demasiado cuando me vaya -increpó Gunter sin dudar por ningún momento que había llegado su hora.


-¿Piensa intentar cambiar mi carácter estando a punto de palmarla?


-Admito que se le ve muy segura y eso es un añadido.


-¡Arg! …No sabe cómo voy a disfrutar aplastándole los huesos...


-Siento haberle quitado a su noviete.


-Infame gusano... -escupía ella sumiéndose en cólera-, vayamos a la parte donde se pone a juzgarme como un ¡engreído insolente! ¡vil! ¡petulante! -hablaba de forma frenética.


-Si piensa darme una muerte indigna le aseguro que ese hombre pronto se enterará de todo esto.


Al decir eso, de súbito la mujer empezó a refunfuñar como una demente poniéndose a golpear la pared con tanta furia que Gunter no podía comparar con nada que había visto.


-¡Deja de pensar en ti! -dijo ella desquiciada-, con gusto le exterminé de mi recuerdo hace años... y con más gusto lo volveré a hacer... ¡Especie de egoísta! ¡Muere como un hombre!


-¿Acaso importa? ¿Necesita excusas para cumplir su misión?


Inmediatamente tras pronunciar estas palabras se percató que ella había irrumpido a través de los barrotes utilizando el barullo como pura estrategia de distracción.


Ella se plantó frente a él, entonces el hombre pudo notar, fugazmente, con la poca luz que los envolvía, el semblante alterado de la mujer, como si empezara a espumar por la boca.


-¿Unas últimas palabras? -dijo ella con la misma convicción sin vacilar en ningún momento.


-Agénciate a otro príncipe -Soltó intentando que ella terminara lo más rápido posible con él.


Ella se lanzó en su cara y lo primero que sintió fue cómo se aplastaban sus dientes en sus labios. Un segundo de intenso dolor por honrar la oscuridad que tanto entorpecía y acto seguido se perdieron en un beso que ninguno de los dos podía haber previsto.


-Puedo cargárselo después de esto -dijo ella media hora después... o tal vez una hora, quién sabe cinco, ya no había manera de determinar nada con precisión.


-¿Y el príncipe? -dijo él dolorido y dilapidado por las dudas.


-Imaginaba que sería capaz de abandonar su atrevimiento después esto... "¡Esto que no acaba de pasar!" Por mi parte a estas alturas yo sí me canso de contender con semejante testarudo y hasta puedo ofrecerle una explicación, si me permite aburrirle con mis explicaciones extravagantes claro está; Respecto a los lazos con la Corona... al parecer me dejé llevar por objetivos que no paraban de crecer hasta perder el juicio procurando concretizar mis planes, tantas ganas de demostrar una lealtad férrea a la Corona me acabó conduciendo hasta el príncipe, al final de cuentas, es sabido por todos que no era el noble más avispado. Que descanse en paz... o eso espero.


-¿Y cómo se supone que saldrá usted de aquí? Los pocos músculos funcionales que todavía me quedaban usted los ha gastado.


-He aprendido un par de cosas estos años querido. Mire y puede que aprenda algo nuevo.


El marinero rendido por el dolor acabó entregándose a un sueño implacable, en cierta manera consideraba satisfactorio el desplomarse en aquella novedosa condición; Un prisionero de la Corona al que le seguía esperando una ejecución segura y pública en cuanto pusiera pie en tierra firme, ya en lo que concierne a la dama... rayos... ¡sabrá Dios lo que estaría a punto de vivir una dama tan contradictoria!


Por fin los primeros rayos de sol lograron hacer reconocible el ala del barco donde se encontraba el marinero permitiéndole divisar una puerta en su celda completamente abierta. Sorprendido alzó la mirada al sitio desde donde le hablaba la mujer... Ella ya no estaba pero esa pieza fortificada curiosamente ahora parecía ocupada por los últimos siervos de la Corona que pudieron sobrevivir. No obstante, por desgracia supongo... acabaron en un estado de total agonía, espatarrados y aturdidos en el suelo de esa pequeña celda del Concord.


 
 
 

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